
El abaratamiento de los módulos digitales, la pujanza del "imperio chino" y la globalización, junto con la cada vez más escasa disposición de capital para las clases medias y bajas ha propiciado que las marcas más pintorescas aparezcan por todo el mundo y surjan como setas. No son todas chinas, otras veces son marcas afganas, turcas, taiwanesas... O incluso españolas. Pero todas tienen algo en común: sus relojes clónicos proceden del mismo fabricante chino, remarcados luego "a posteriori" sin piedad.
Si en la primera era del cuarzo, allá por finales de los setenta y primeros de los ochenta, cuando los digitales vivieron todo su esplendor, existían marcas también muy pintorescas, la principal diferencia entre aquellas y estas eran dos cosas: las de antes conservaban un mínimo de calidad, incluso muchas veces disponían de módulos propios. La siguiente cuestión que las diferenciaba es que la copia de diseños, aun existiendo, no estaba tan enormemente difundida como lo está en la actualidad.